‡ Sobre
la segunda lectura…
Hay en el foro un hilo abierto por uno de
nuestros compañeros sobre esta lectura que, con su permiso, me gustaría
resaltar aquí:
Jordi Cabós escribió en el foro:
Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención de esta
segunda lectura del módulo es el hecho de que se aborde el concepto de
competencia. Y ello me ha hecho pensar en un problema que encuentro a menudo en
mi trabajo.
La verdad es que durante bastante tiempo he sido reacio a
introducir esta noción en mi vocabulario profesional. Muchas veces, en ser tan
genérica que parece que se pueda utilizar para todo. Esta noción se ha
utilizado de formas muy distintas, dependiendo del enfoque profesional y del
background teórico; y con ello creo que ha perdido bastante credibilidad.
En el Instituto que trabajo, en un centro público de secundaria
de Barcelona, se trabaja por competencias. En este centro, se interpreta el
documento de competencias oficial de la Generalitat de Catalunya. Y a partir de
él se diseñan los programas. De forma distinta, un compañero mío que trabaja en
otro centro de secundaria en la misma ciudad, interpreta esta noción de forma
diferente a nosotros. Y os puedo asegurar que esta diferencia en la manera de
concebir el concepto de competencia varía bastante nuestras programaciones y
decisiones didácticas. Esto es, una misma competencia, que debería promover
unos mismos resultados y apuntar hacia unos mismos objetivos, depende de cómo
se la entienda, modifica toda la secuenciación didáctica. Además, para todavía
mostrar más lo problemático de conceptualizar esta noción, quería explicar que
la noción de competencia con la que trabajamos en el centro no coincide tampoco
con la que nos enseñaron en el máster de profesor de secundaria. Existen una
multiplicidad de formas de interpretar esta noción. Esto, en cierto sentido, es
"normal". Lo que me preocupa es los motivos y las razones por las
cuales está noción se puede interpretar de forma distinta. No siempre tienen
que ser legitimos: estas interpretaciones pueden responder a intereses
políticos, económicos o de centro educativo.
Lo que quiero remarcar —y a ver qué os parece o si podemos
encontrar una solución—, es el hecho de que definir esta noción en el plano
teórico es imprescindible; con ello se instaura una base sobre la que trabajar.
Sin embargo, lo que más me preocupa es el hecho de que una cosa es la
comprensión que se pueda establecer de esta categoría sobre el papel y otra, a
mi entender, la manera como esto se lleva a cabo en la labor del día a día, en
los centros de enseñanza con sus circunstancias, y las distintas personalidades
del cuerpo de docentes.
Por mi experiencia, existe un margen importante que te permite
interpretar esta noción y este margen entre las interpretaciones posibles hace
que muchas veces lo que se haga en centros educativos, a pesar de trabajar por
competencias, sea muy diferente. ¿No creéis que se deberían crear una serie de
mecanismos para determinar de qué forma se debe interpretar esta noción? ¿O
creéis que es pedir demasiado? ¿No pensáis que si se entra en la forma de
interpretar esta noción, algunos profesionales podrían objetar que se les priva
de libertad profesional? No lo sé. ¿Cómo podemos superar esta distancia entre
los documentos y su aplicación en la clase?
Muchas gracias y seguimos comentando.
Saludos a todos,
Jordi
A lo que yo respondí:
Hola Jordi:
La verdad es que me parece muy interesante lo que planteas en tu mail...
y me hace cuestionarme muchas cosas... Veo la verdad muy complicado que se
pudiese llegar a establecer un sistema "acotado" para determinar de
qué forma se deben interpretar las competencias... ;( "cada maestrillo
tiene su librillo" y además de ello, cada alumno es un mundo... y lo que
le sirve a uno no le sirve al otro... aunque obviamente veo que lo ideal sería
que existiese una homogeneidad a la hora de entender e interpretar conceptos
tan importantes como los que baraje al MCER. Pero... tal vez... de momento lo
que tengamos que hacer es "contentarnos" con los objetivos propuestos
por el documento a cada nivel e intentar, como docentes, desarrollar nuestras
competencias y las de nuestros alumnos siendo coherentes con nuestra forma de
ser, con nuestros principios y con los del centro en el que trabajamos. Creo
además que el diálogo entre los compañeros de trabajo en este sentido es un
punto a nuestro favor, sobre todo si queremos contrastar nuestra forma de
pensar, y además ¡hay siempre que escuchar al alumno! En todo esto subyace algo
que ya antes dijera que ha de ser y tener un profesor: la honestidad consigo
mismo y con sus alumnos. Tal vez, asistiendo a cursos, ponencias etc. también
puedan quedar más claras las definiciones de competencias...
Saludos
Laura
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