lunes, 27 de mayo de 2013

Mmmm... Cosas interesantes...

Sobre la segunda lectura…

Hay en el foro un hilo abierto por uno de nuestros compañeros sobre esta lectura que, con su permiso, me gustaría resaltar aquí:

Jordi Cabós escribió en el foro:

Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención de esta segunda lectura del módulo es el hecho de que se aborde el concepto de competencia. Y ello me ha hecho pensar en un problema que encuentro a menudo en mi trabajo.

La verdad es que durante bastante tiempo he sido reacio a introducir esta noción en mi vocabulario profesional. Muchas veces, en ser tan genérica que parece que se pueda utilizar para todo. Esta noción se ha utilizado de formas muy distintas, dependiendo del enfoque profesional y del background teórico; y con ello creo que ha perdido bastante credibilidad.

En el Instituto que trabajo, en un centro público de secundaria de Barcelona, se trabaja por competencias. En este centro, se interpreta el documento de competencias oficial de la Generalitat de Catalunya. Y a partir de él se diseñan los programas. De forma distinta, un compañero mío que trabaja en otro centro de secundaria en la misma ciudad, interpreta esta noción de forma diferente a nosotros. Y os puedo asegurar que esta diferencia en la manera de concebir el concepto de competencia varía bastante nuestras programaciones y decisiones didácticas. Esto es, una misma competencia, que debería promover unos mismos resultados y apuntar hacia unos mismos objetivos, depende de cómo se la entienda, modifica toda la secuenciación didáctica. Además, para todavía mostrar más lo problemático de conceptualizar esta noción, quería explicar que la noción de competencia con la que trabajamos en el centro no coincide tampoco con la que nos enseñaron en el máster de profesor de secundaria. Existen una multiplicidad de formas de interpretar esta noción. Esto, en cierto sentido, es "normal". Lo que me preocupa es los motivos y las razones por las cuales está noción se puede interpretar de forma distinta. No siempre tienen que ser legitimos: estas interpretaciones pueden responder a intereses políticos, económicos o de centro educativo. 

Lo que quiero remarcar —y a ver qué os parece o si podemos encontrar una solución—, es el hecho de que definir esta noción en el plano teórico es imprescindible; con ello se instaura una base sobre la que trabajar. Sin embargo, lo que más me preocupa es el hecho de que una cosa es la comprensión que se pueda establecer de esta categoría sobre el papel y otra, a mi entender, la manera como esto se lleva a cabo en la labor del día a día, en los centros de enseñanza con sus circunstancias, y las distintas personalidades del cuerpo de docentes.

Por mi experiencia, existe un margen importante que te permite interpretar esta noción y este margen entre las interpretaciones posibles hace que muchas veces lo que se haga en centros educativos, a pesar de trabajar por competencias, sea muy diferente. ¿No creéis que se deberían crear una serie de mecanismos para determinar de qué forma se debe interpretar esta noción? ¿O creéis que es pedir demasiado? ¿No pensáis que si se entra en la forma de interpretar esta noción, algunos profesionales podrían objetar que se les priva de libertad profesional? No lo sé. ¿Cómo podemos superar esta distancia entre los documentos y su aplicación en la clase?

Muchas gracias y seguimos comentando.
Saludos a todos,
Jordi

A lo que yo respondí:

Hola Jordi:

La verdad es que me parece muy interesante lo que planteas en tu mail... y me hace cuestionarme muchas cosas... Veo la verdad muy complicado que se pudiese llegar a establecer un sistema "acotado" para determinar de qué forma se deben interpretar las competencias... ;( "cada maestrillo tiene su librillo" y además de ello, cada alumno es un mundo... y lo que le sirve a uno no le sirve al otro... aunque obviamente veo que lo ideal sería que existiese una homogeneidad a la hora de entender e interpretar conceptos tan importantes como los que baraje al MCER. Pero... tal vez... de momento lo que tengamos que hacer es "contentarnos" con los objetivos propuestos por el documento a cada nivel e intentar, como docentes, desarrollar nuestras competencias y las de nuestros alumnos siendo coherentes con nuestra forma de ser, con nuestros principios y con los del centro en el que trabajamos. Creo además que el diálogo entre los compañeros de trabajo en este sentido es un punto a nuestro favor, sobre todo si queremos contrastar nuestra forma de pensar, y además ¡hay siempre que escuchar al alumno! En todo esto subyace algo que ya antes dijera que ha de ser y tener un profesor: la honestidad consigo mismo y con sus alumnos. Tal vez, asistiendo a cursos, ponencias etc. también puedan quedar más claras las definiciones de competencias... 

Saludos


Laura

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