‡ Lectura de Lourdes Díaz y Mª José
Hernández Gramática y comunicación en la clase de español como lengua
extranjera…
Maravillosa lectura la
de Lourdes Díaz y Mª José Hernández Gramática
y comunicación en la clase de español como lengua extranjera.
La gramática es
importante y debe ser, por ello, parte integrante de la clase de ELE. Pero,
como hemos visto en otros módulos y otros cursos, saber la gramática de un
idioma no implica necesariamente que sepamos comunicarnos con dicha lengua.
Cuando hablamos de gramática, desde mi punto de vista, inmediatamente nos
vienen a la cabeza estructuras y fórmulas cerradas, que se suelen enseñar a
través de frases descontextualizadas y no muy útiles a la hora de poder
aplicarlas en una conversación real en muchos de los casos… A lo largo de este
curso, hemos visto, que tras el enfoque nociofuncional el concepto de la
enseñanza de la gramática no es igual que hace 40 años. La gramática se enseña
ahora a través de la acción. Con fórmulas y frases que nos permiten ser capaces
de hacer cosas con la lengua que estamos aprendiendo. La gramática pedagógica
está integrada en el libro de texto a través de muestras de lengua,
conceptualizaciones, ejercicios… nos dicen las autoras del texto objeto de
nuestro análisis. Además, existen gramáticas pedagógicas específicas para
extranjeros. Las gramáticas normativas y prescriptivas quedaron atrás con la enseñanza
de lenguas extranjeras en acción.
Gramática y
comunicación están íntimamente ligadas ya no se pueden separar. Comunicar es
sinónimo de hablar, de ser capaces de hacer cosas con la lengua que estamos
aprendiendo. Pero, desde mi punto de vista, y, como bien nos dicen las autoras,
no hay que olvidarse nunca de que la lectura y la escritura son también
comunicativas. He de confesar que esta es una de las creencias que he cambiado
desde que empecé el curso, ya que, nunca me había parado a pensar que un texto
o una lectura comunican al igual que cuando hablamos.
Hemos visto que las
nuevas metodologías implican una nueva forma de enseñar la gramática, como bien
decíamos antes, ahora los estudiantes aprenden esta destreza a la par que se
comunican, ya que la aprenden cuando hablan, escuchan, leen o escriben y así
piensan sobre ella.
A propósito de todo
esto las Lourdes Díaz y Mª José Hernández nos presentan un cuento… sí, un
cuento a modo de metáfora extremadamente constructiva e ilustrativa sobre cómo
se aprende gramática a través de su uso.
Un príncipe sueña que
en un país muy lejano del suyo le está esperando una princesa que ha de
convertirse en el amor de su vida… pero… ¡esto es la vida real! Esto no es una
película de Disney en la que todos hablan una lengua común… aquí el príncipe ha
de cruzar distintos reinos en los que, obviamente se irá encontrando con gente
que no habla su lengua… Pero esto al príncipe parece no importarle, él está
convencido de que quiere aprender lenguas… ¿Pero… cómo hacerlo?...
En Normalandia, como el
nombre nos puede dar a entender, todo son normas, escritas en un libro de
“fórmulas mágicas” que, supuestamente, ayudarán al príncipe a aprender a
hablar. El príncipe, que es muy tenaz y obstinado, las aprende todas, se sabe
el libro de “pé a pá” y es capaz de repetir las construcciones que en él
aparecen como un loro… pero… ¡pobre! A la hora de la verdad, a la hora de
mantener una conversación coherente con la princesa de ese reino se da cuenta
de que el método no funciona, no sabe adaptarse de manera correcta a la
conversación y sus respuestas le suenan hasta descorteses a la princesa… ésta
llega incluso a pensar que el príncipe no es nada cooperativo y no le interesa
en absoluto mantener una conversación con ella…
En vista de su descontento,
el príncipe decide marchar. El método de la gramática prescriptiva de
Normalandia no es el adecuado… aquí no se plantean cuáles son los verdaderos
motivos que nos llevan a una comunicación.
En Estructurolandia, se
le presenta otra forma nueva de aprender la gramática, no basta con repetirla
como si fuéramos un libro… hay que practicar la lengua oral. Pero este método
también falla… no existen fórmulas mágicas para aprender un idioma… hay que
practicarlo, y pensar en lo que queremos decir y hacer con la lengua que
estamos aprendiendo…
Al final, el príncipe…
entre todos los avatares del camino se topa con un juglar, un contador de
historias que le ofrece la posibilidad de que le acompañe en su viaje por
tierras lejanas. Con el juglar, el príncipe descubre también que hay que
escuchar, escuchar mucho. Se da cuenta de que también tiene que aprender a ver
lo que pasa a su alrededor… y… sobre todo… ¡hay que aprender de los errores!
Con estos pasos, el día menos pensado uno se da cuenta de que es capaz de
hablar y de expresar emociones, sentimientos, uno es capaz de mantener una
conversación coherente y de ceñirse a lo que se le está preguntando o de lo que
se está hablando. El príncipe ha encontrado al fin a su princesa con la que
entabla una conversación normal en la que existe un principio activo de
cooperación entre ellos y en la que ambos expresan de manera coherente y
ordenada significados.
Y… ¿cuál es nuestro papel como docentes?... tenemos que aprender a ser observadores de la lengua en uso… Uno de los aspectos que me llaman la atención en el texto es que no todas las respuestas se encuentran en los libros de gramática descriptiva. Hay que contextualizar lo que decimos y lo que nos dicen nuestros alumnos para poder aclarar dudas sobre aspectos gramaticales sin necesidad de tener que recurrir a los libros y manuales. La gramática está sometida al pragmatismo y esto no hay que olvidarlo.
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